Nacido En Lo Alto pt 3 (Attn Spanish spkrs)

Capítulo Siete

El Que Bajó del Cielo

Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo. (Juan 3:13)

Nicodemo era un líder religioso, el Rabino de Israel. Pero se sintió atraído a buscar la

sabiduría obvia de un “inexperto” Rabino itinerante, Jesús de Nazaret. Fueron los milagros de Jesús, así como su enseñanza, lo que obligó a Nicodemo y a otros Rabinos principales a reconocer que Dios estaba con El.

Jesús no perdió tiempo alguno durante la entrevista, informando a Nicodemo que El tendría que nacer de nuevo para ser capaz de ver o entrar en el Reino de Dios. En efecto, contrariamente a la creencia de Nicodemo, la nación de Israel, aún tenía que darse cuenta de la profecía de Ezequiel que dice que Dios le daría un nuevo corazón.

Pero al igual que la mayoría de la gente, Nicodemo se resistió, fingió ignorancia. El corazón orgulloso del hombre caído se resiste a admitir que El necesita un nuevo nacimiento.

Tal vez El podría admitir la necesidad de mejorar un poco aquí o allá, pero convertirse en un hijo dependiente y empezar todo de nuevo? Tal vez una prostituta o un fraudulento recaudador de impuestos tendría que nacer de nuevo, pero un orgulloso Fariseo, destacado por su piedad?

De este modo Jesús llevó a Nicodemo, y también a todos nosotros, al corazón mismo de nuestro problema: La incredulidad. Este pecado sutil pervierte incluso la verdadera religión, convirtiéndola en la antítesis misma del motivo de Dios para ella.

En el centro de toda falsa religión hay una fraude espiritual. Este engaño corre a travéz del Induísmo, del Islam, del Movimiento New Age, y de las religiones seculares modernas como la evolución, el socialismo y el comunismo. Además también afianza la semilla del falso Cristianismo.

La falsa premisa dice que el hombre puede elevarse a sí mismo de la Tierra y por medio de sus propios esfuerzos espirituales, puede convertirse en un dios, como lo prometió la serpiente a nuestra primera madre y a nuestro primer padre, Eva y Adan. Esta creencia es para la raza humana como una enfermedad espiritual incurable. El hombre siempre ha sido atraído hacia una religión que le dice que El puede ser un dios. No importa cuanto in fierno haya en el resultado, el hombre no puede dejar pasar esta creencia.

A esta premisa se la llama el Misterio de Iniquidad, en 2 Tesalonicenses 2- “Porque el

misterio de la iniquidad ya está en acción…”

La triste historia de la especie humana culminará en la expresión final de esta falsa creencia, porque ha sido predicho el elevamiento de un hombre de pecado el cual parecera ser la realización de este oscuro ideal.

El es el “hombre de pecado”, el campeón de un mundo que ha sucumbido completamente a esta promesa maligna. Su comportamiento público ha sido reseñado proféticamente como una constante ilustración de este misterio pecaminoso.

El cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios, presentándose como si fuera Dios. (2 Tesalonicenses 2:4)

¡Mira las utopías miserables del siglo pasado! El nuevo hombre de ciencia iba a elevarse y hacer su propio paraíso terrenal. ¡Iba a ser más equitativo, más misericordioso y más justo que el mismo Dios! Este es el mismo principio que encontramos bajo toda la historia religiosa del hombre.

Pirámides y zigurats construidos en todos los continentes son solamente aspiraciones religiosas, pasos para el ascenso a la divinidad, los grados de avance manufacturados por el hombre, nada mas que expresiones religiosas inspiradas por el diablo. El judaísmo en sí, tal como se desarrolló en los días de Nicodemo y los Rabinos y Sabios, se degeneró en este falso principio de avance por las obras de la ley de Dios.

Aquellos debajo de este sistema se fatigaban en el trabajo sin fin en pos de esa meta, que era la habilidad de ascender al cielo por sus buenas obras.

Esta es la razón por la cual Jesús mismo de se dirigió hacia ellos como cansados y cargados, reflejado en Mateo 11

Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas. (Mateo 11:28-29)

Este fue el error de la generación de Nicodemo, una distorsión de la religión bíblica, una religión de obras de justicia, auto redención, un intento de ascender al cielo.

Nicodemo y su generación no son los únicos que caen en este error. Auto salvación por obras es la posición intrínseca de la mayoría del mundo a quien el Salvador le hace esta declaración simple pero fundamental: “Ningún hombre ha ascendido al Cielo…”

Ninguno. Ni siquiera el sabio más grande! Ni Madre Teresa, ni Gandhi, ni siquiera el filántropo más benevolente. ¡La religión humana no puede salvar a nadie! No hay ninguno justo, ni

uno… ¡por las obras de la ley no carne será justi ficada!
Si la falsa religión del esfuerzo propio, conocida bíblicamente como el “misterio de la

iniquidad”, es la fe constante y rebelde que dice que el hombre puede ascender y “ser como dioses”, ¿Cuál es entonces la verdadera espiritualidad?

Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: El fue manifestado en la carne… (1 Timoteo 3:16)

…Sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre. (Juan 3:13)

No, los hombres no van a ascender y convertirse en pequeños dioses. El hombre esta arruinado por su caída en su relación con Dios. El hombre está por completo espiritual y moralmente quebrado, y no es capaz en su estado ruinoso actual de entrar en el reino del cielo. El hombre carece del poder, es impotente, es ciego, es débil y muerto en sus transgresiones y pecados.

Si el hombre puede ser salvado, el mismo Dios va a tener que venir a nosotros. El Hijo del Hombre deberá descender, deberá de haber una encarnación.

Una de estas dos espiritualidades es muy atractiva para el hombre, promueve su orgullo, independencia y sus logros. La otra es muy humillante, porque el hombre debe admitir su propia impotencia, debe confesar su pecado, no exalta su auto-estima. ¿Cuál se convertirá en la religión popular? ¿Cuál será la que la mayoría de la humanidad abrazará, a no ser que la gracia intervenga? ¿Quién elegiría ser un desgraciado cuando uno tiene la oportunidad de creer en si mismo?

Capítulo Ocho

Cómo Dios Amó Al Mundo

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)

Nos encontramos en este punto de nuestro estudio de Juan capítulo 3, probablemente en el

verso más querido y conocido de la Biblia. Sin duda es la frase singularmente más traducida en el mundo. Con reverencia nos acercamos a estas palabras que traen buenas nuevas provenientes del cielo.

Pero es posible, de hecho probable, que el mero conocimiento que muchos tienen de estas palabras en nuestra cultura, tenga un desafortunado y debilitante efecto, en lugar del efecto que nuestro amable Salvador propuso cuando primero las pronunció.

Por ejemplo, últimamente mucha gente puede recitar Juan 3:16. ¿Pero cuanta gente puede hacer lo mismo con Juan 3:14-15 o Juan 3:17-21?

Este hermoso versículo tiene un contexto determinado, y solo puede ser comprendido enteramente al ponerlo dentro del flujo de pensamiento que lo precede.

Por ejemplo, hasta las palabras “porque” y “de tal manera” en el verso, tienen un significado muy importante. “Porque de tal manera amó Dios al mundo…”

Obviamente, la palabra “porque” se referiría a lo que ya se había dicho en las Escrituras hasta ese momento. Por ejemplo, la discusión sobre el nuevo nacimiento (Ezequiel 36), el nuevo corazón y el lavado que Dios le daría a Israel, así como el contexto inmediato, la historia de la serpiente de bronce en Números 21.

La palabra “porque” en Juan 3:16 apunta a la enseñanza de Juan 3:14-15

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo aquel que cree, tenga en El vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo… (Juan

3:14-16)

Las palabras “de tal manera” también son muy mal entendidas por muchos lectores modernos, porque la tendencia es interpretarlas como una descripción de intensidad- “…de tal manera amó Dios al mundo…” entendido como, “El amó mucho al mundo…”

Obtuve lo que creo que es un particular entendimiento de este versículo, en un pequeño libro (“Is John 3:16 The Gospel?”, David Pawson, Terra Nova Publications), escrito por un maestro Británico de la Biblia, David Pawson. En Inglés las palabras “de tal manera” se leen después del nombre de Dios, lo cual predispone al lector a asumir que representan cuantitatividad. Pawson señaló que las palabras deberían ser invertidas para evitar esa errónea interpretación.

Justificadamente este pasaje podría ser leído así: “Dios, de esta manera amó al mundo. . . ” o “Dios ha amado al mundo de esta manera.”

¿De qué manera? ¡Dios amó a todo el mundo de la misma manera que El amó a Israel cuando las serpientes los estaban matando en el desierto!

Debemos preguntarnos, ¿Que estaba ocurriendo en Números 21, que hizo decir a Jesús que nos daría un entendimiento profundo acerca de la manera en la que Dios amó al mundo?

Por causa del pecado de ingratitud e incredulidad de la gente (quienes habían estado murmurando contra Dios y amenazaban con matar a Moisés y Aarón), cayó un juicio sobre ellos en forma de serpientes venenosas, enviadas para morder y matar a los Israelitas rebeldes. La gente estaba cayendo a diestra y siniestra, pero al igual que Cristo, Moisés y Aarón cayeron de rodillas y intercedieron por ellos.

¿Cuál fue la instrucción de Dios?

¡Que construyeran una serpiente de bronce, la erigieran en un poste y la pusieran en público, diciendo a la gente que quienes miraran a esa serpiente vivirían!

De acuerdo a Jesús, esa fue exactamente la manera en la cual Dios amó al mundo.

El no terminó con las serpientes, aunque la gente estaba muriendo por sus mordeduras. Dios no organizó a la gente en grupos de exterminadores de serpientes, ni tampoco hizo que ellos examinaran su propio pasado para ver que era lo que había salido mal.

El no consintió a los rebeldes, erradicando todo lo que los perjudicaba, dejándolos sin cambio alguno.

¿Qué hizo Dios para amar al mundo? ¡El les dió una salida!

El erigió una cruz para que la vieran. El bronce es un metal que simboliza el juicio divino. Por ejemplo cuando Israel no obedecía al Señor, Dios les dijo que tendrían “cielos de bronce,” porque El no

respondería sus plegarias.
La serpiente es el gran enemigo de la humanidad, pero en el ofrecimiento de Jesús, la serpiente

fue puesta bajo el juicio de Dios, y la muerte misma murió.

Ya está aquí el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si soy levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo. (Juan 12:31-32)

La fe salvadora incluye una mirada creyente.

Al pueblo de Israel se le requirió que no miraran las mordeduras de serpientes que ellos sufrían como resultado de los pueblos vecinos y de su propio pasado, pero que contemplaran la serpiente de bronce erigida y designada por Dios, para ser sanados.

Del mismo modo se requiere a los pueblos de la tierra que miren con fe al Hijo de Dios, erigido, cargando con nuestro juicio en el árbol. A través de la muerte, la muerte destructiva que sufrió por nosotros, Jesús nos ha liberado de la mordedura mortal de la serpiente, que son nuestros pecados.

Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, El igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida. (Hebreos 2:14-15)

¡Este amor de Dios es sorprendente! En vista de la cruz de Jesús, cuestionarla o negar la bondad de Dios desplegada en el Calvario de una vez por todas, sería una blasfemia. Pero este no es un amor incondicional.

Las serpientes todavía están mordiendo a los pecadores rebeldes, la gente sigue pereciendo, yendo al juicio eterno que merecen. Tampoco Dios ha eliminado las serpientes y los fuegos del infierno.

Pero en Jesús, El nos ha dado una salida; El ha hecho una manera justa de escape para nosotros. Un Dios santo ha hecho un camino santo para que nosotros, pecadores, entremos en Su santo cielo. Debemos apartar la mirada de nosotros mismos y de nuestra situación, y con una trepidante fe y adoración, mirar a Jesús crucificado y erigido como nuestro sustituto.

 

Capítulo Nueve

El Mundo Que Dios Amó

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)

Juan 3:16 es tal vez el verso universalmente más reconocido en toda la Escritura. Cuando un

famoso atleta del fútbol americano profesional llamado Tim Tebow escribió “Juan 3:16” en su pintura facial (debajo de sus ojos), Google informó que había 92 millones de visitas en busca de Juan 3:16.

Creo que es una gran cosa que Juan 3:16 haya conseguido tanta atención y por tanto tiempo. Es un tremendo resumen de la esencia del Evangelio. “Porque de tal manera amó Dios al mundo…”

Consideremos la frase “el mundo” tal como es utilizada en la escritura, ya que el mundo es el objeto directo del amor de Dios. Pero, ¿Qué es lo que queremos decir con la expresión, “el mundo”?

En las Escrituras la frase ha sido utilizada en más de una forma. Hay momentos en que la palabra se refiere al planeta Tierra, como en “Dios hizo al mundo…” Sin embargo, es obvio que Juan 3:16 no se refiere a la Tierra.

En otros lugares la frase “mundo” es una referencia a la época actual. En esos casos, la palabra en el idioma Griego es completamente diferente a la de los versículos de Juan. La palabra usada en idioma Griego es eón (edad). Por ejemplo, Gálatas 1:3-4 dice:

Que Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo les concedan gracia y paz. Tal como Dios nuestro Padre lo planeó, Jesús entregó su vida por nuestros pecados para rescatarnos de este mundo de maldad en el que vivimos. (NTV-Gálatas 1:3-4)

Sin embargo, el término “mundo” en Juan 3:16 se refiere a la totalidad de la humanidad, alejada de Dios y perdida en el pecado. “De tal manera amó Dios al mundo”.

La palabra “mundo” en Griego es “cosmos”. Significa “orden” o “adorno”. Tiene que ver con la manera en la que hombre caído se ha desarrollado espiritual, intelectual y culturalmente sin Dios. El mundo odia a Dios y siempre lo ha hecho…pero Dios amó al mundo.

Este mundo que Dios amó, está descrito mas adelante en las escrituras como una entidad espiritual. Desde la caída, el hombre ha estado sin Dios, completamente alejado de Dios y en verdad, enemistado con el Creador.

Consideremos tan solo una muestra de lo que la Biblia dice acerca de la naturaleza del mundo al cual Dios amó.

Si el mundo os odia, sabéis que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí de entre el mundo, por eso el mundo os odia. (Juan 15:18-19)

En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de El, y el mundo no le conoció. (Juan 1:10)

No hablaré mucho más con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo, y El no tiene nada en mí. (Juan 14:30)

Se nos dice que el mundo odia a Cristo y no lo recibiría, y tampoco puede recibir el Espíritu Santo de la verdad. También odia a los Cristianos y los persigue.

Finalmente, la Palabra de Dios revela que: ¡El “príncipe de este mundo” es el mismo

Satanás, y que todo el mundo yace bajo el poder del maligno! (Juan 5:19)

En otras palabras, todas las diversas formas de religión que se han desarrollado en el mundo, fuera de la revelación de Dios en Cristo, equivalen a una forma de humanismo y en última instancia al culto a Satanás. Nosotros enfatizamos que con Jesús, “Dios de tal manera amó al mundo…”, describiendo el amor divino, no como un sentimiento o una pasión, sino como un acto, un evento en el tiempo y en el espacio, una ocurrencia histórica. ¿Cuándo fue que Dios amó al mundo? El lo amó una vez (y para siempre) en el Calvario, cuando dio a su Hijo como ofrenda por nuestros pecados.

Fue allí cuando Dios “amó” al mundo.

En el Calvario Dios amó a un mundo que siempre lo ha odiado y rechazado. Este es un mundo que está arraigado en su odio hacia Dios. Este es un mundo que murmura, se queja, y cuestiona constantemente la justicia y el amor de Dios.

Sin embargo, Dios amó de tal manera al mundo, en forma específica y enfocada. No lo amó generalizadamente sino que lo hizo específicamente y en sus propios términos.

Dios no ama al mundo incondicionalmente en el sentido en el cual Dios nota el bien en el mundo a pesar de sus defectos. De hecho Dios ya ha juzgado al mundo y ha impuesto su sentencia, el Señor ejecutará su ira sobre este mundo. Dios sabe que este mundo vive en una profunda rebelión contra El. Sin embargo, conociendo la verdad acerca de esta malvada era, Dios amó de tal manera al mundo, que nos ofrece un camino de salvación.

No puede haber ninguna experiencia provechosa del amor de Dios, fuera del pleno recibimiento de la oferta de Jesús en el Calvario con todas sus ramificaciones. Dios no puede ser conocido fuera de la cruz de Jesucristo.


Source: Pastor Bill Randles Blog

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